El atardecer de un símbolo eterno


mandelaDesde mi infancia hasta el día de hoy, contrario a muchos – sobre todo a los románticos – detesto los atardeceres… me producen tristeza. Las primeras experiencias que recuerdo y que están asociadas a este fenómeno ineludible que se superpone a la luz del día, provienen de reminiscencias de niño en las que, aquellas montañas que rodeaban el pequeño valle en el que estaba enclavada la cálida morada de nuestros padres – allá por las lomas de Constanza –  servía de cuna a las ya débiles luces del sol que comenzaban a agonizar y a dar paso a la taciturna y enorme oscuridad, que solo esclarecía su aspecto cuando, a lo alto, allá en el firmamento, comenzaban a brillar las tintineantes estrellas… y en cuanto a la tristeza, solo se deshacía cuando la madre, sabedora de esa debilidad, dedicaba unos minutos a “arrullar” a su primogénito. Sigue leyendo

Principios de Bandung a propósito de la Cumbre de Los No Alineados


En abril de 1955, faltando solo meses para que se cumplieran diez años desde que se firmara la Carta de Naciones Unidas, documento consensual que sirve de tratado constitutivo de esa organización, se reunieron en Indonesia líderes de 29 países, la mayoría de ellos recién surgidos de procesos de descolonización e independencia, y firmaron  “la Declaración de Bandung” nombre atribuido en honor a la ciudad que sirvió de sede para dicho encuentro.

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