Tambores africanos que estremecen a Europa


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Por Robert Takata

El pasado miércoles, a unos islamistas del Magreb se les ocurrió la idea de entrar a una planta de extracción petrolera en Argelia, cerca de la frontera con Libia y secuestrar a un número indeterminado de trabajadores.Lo hacían como “protesta contra la injerencia francesa en Mali” y exigían el cese de los bombardeos franceses en la zona norte de ese país, ocupada por una mezcla de islamistas de diferentes grupos “terroristas” e independentistas de las tribus tuaregs. Sigue leyendo

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Sandy: Lecciones electorales de una supertormenta


No tengo el poder de presagiar con fría certeza lo que pasará en los Estados Unidos el martes 06 de noviembre cuando se celebren allí unos de los comicios presidenciales más reñidos de la historia, de acuerdo siempre a las encuestas que dan a Obama y a Romney como ganadores o que los coloca en un empate técnico. Sigue leyendo

Una extraña primavera árabe


Justo cuando en los Estados Unidos y en gran parte del mundo se conmemoraba tristemente el décimo primer aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001 contra las torres gemelas en Nueva York, en Libia, antiguo bastión de Muanmar Gadafi, específicamente en Bengasi, una importante ciudad a orillas del mar mediterráneo, la sede del consulado americano era atacada salvajemente y los integrantes de la legación consular, presas del terror y entre bombazos, disparos y un humo asfixiante, trataban de huir para salvar sus vidas, mientras los pocos guardias de seguridad repelían a duras penas el ataque. Sigue leyendo

El sectarismo, germen de inestabilidad en Medio Oriente


Desde las postrimerías del siglo XVIII, cuando Napoleón invadió Egipto y  Siria con unos resultados desastrosos para sus tropas, fuerzas foráneas han estado presentes de una u otra forma en Medio Oriente y el Norte de África, todas parapetadas detrás de supuestas ideas “innovadoras” que llevarían a la zona bienestar, modernidad y desarrollo bajo sistemas de igualdad y basadas en la promesa de enaltecer a las sociedades árabes, aunque estas ideas distaran mucho, a la postre, de las reales intenciones y mucho más aun, de los resultados plasmados en el terreno. Sigue leyendo

Estados Unidos mira de nuevo hacia América Latina


Lea nuestro artículo en el siguiente enlace. http://www.elcaribe.com.do/2011/10/14/estados-unidos-mira-de-nuevo-hacia-america-latina

El volador de cometas


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Cuando Zabur mira al cielo no ve dioses ni princesas ni dragones ni sueños, sólo ve un vacío preñado de nubes y vientos en los que un buen volador de cometas sabrá jugar con la altitud y los cambios de dirección exactos para cortar las de los demás. “A veces tengo suerte y consigo derribar diez en un día. Otras no tengo tanta y me derriban a mí”, dice con los ojos muy abiertos, redondos, como si llevara el susto dentro del cuerpo. Zabur tiene 11 años y la mirada cansada, triste, casi de anciano, porque a veces con sólo ver desgracias se envejece. Sus ojeras, dos bolsas que se pliegan, delatan una vida de escasez, que cuando lo esencial no llega, el paso del tiempo es otro, deja huellas y cicatrices.

Zabur va al colegio. Le gusta aprender dari, la lengua nacional emparentada con el farsi de Irán. En un mundo de analfabetos como Afganistán, saber leer y escribir representa un salto social, pasar de la miseria a la pobreza, que diría Marx, Groucho Marx. Le apasiona el colegio porque aprende más cosas: “Me gusta mucho el inglés y el santo Corán”, asegura sin dejar escapar un sentimiento, un atisbo de sonrisa, escondido siempre detrás de su cometa azul llena de magulladuras. Cada herida, una tirita de celofán. “Esta cometa cuesta 15 afganis”, dice. Con un dólar se podrían comprar tres y guardar algo para caramelos. Es el único que tiene y sabe que no está para sobrevivir a muchas más derrotas en el cielo de Kabul.

 Los talibán, que significa estudiantes de religión, la tomaron con las cometas. Las prohibieron al llegar al poder en 1996. Hacer volar una en el cielo era, al parecer, pecado, un desafío inadmisible a Dios, el único que puede ocupar el espacio celestial. También prohibieron la música, la televisión y el cine, incluso el cine sacro. Eran obligatorias las barbas en los hombres y el burka en las mujeres.

El periodista estadounidense David Rohde, que estuvo secuestrado siete meses y diez días por los talibán, cuenta en un libro recién publicado en Estados Unidos, que sus captores le pedían canciones pop occidentales y mientras que él tarareaba piezas demoníacas como She loves You de los Beatles, sus secuestradores hacían los coros. Quizá la distancia no sea tanta cuando se cae la máscara.

Cada cometa que vuela en Kabul, y son muchas estos días de finales de otoño en los que el invierno asoma en forma de nieves en las montañas, es un desafío, un grito de libertad. Los miles de niños Zabur que corren y gritan por las calles de esta ciudad, por los cementerios y las terrazas, son antídotos vivientes contra la intransigencia de los adultos, contra la guerra. Cada uno convertido en un émulo del escritor Jaled Hossein.

 “Todo depende del nailon”, explica Zabur. “Si es bueno y sabes hacer volar la cometa cortarás muchas de las que están cerca de ti. Si el nailon no es bueno sólo conseguirás golpear a la otra cometa, nunca derribarla”. Uno bueno cuesta más que una cometa. Dependiendo del gusto y las manías del volador de cometas son necesarios mil o dos mil metros. “Cuando corto una, el otro niño no se enfada. No dice nada. Sólo recoge la suya y se va a casa. Cuando me cortan a mi tampoco me enfado. Sólo recojo mi cometa y voy a casa a pegarle celo en los rotos. Sólo juego los viernes que hay viento. En los demás días voy al colegio”.

El niño Zabur tarda en coger confianza en la conversación. Al principio se protegía con la cometa como si ésta fuese un escudo. Ahora, al final de la charla, como si ya no temiera una pregunta difícil, sonríe tímidamente. Sus ojos redondos con el susto dentro están colorados y lagrimean por el polvo. “No me pasa nada. Los tengo así de mirar tanto al cielo. Hoy he jugado tres horas seguidas”. Cuando el extranjero se va, Zabur mira en su mano el valor de tres cometas nuevas, o una sola con el mejor nailon que se pueda comparar en todo Kabul. Esta vez Zabur parece muy feliz.

Tomado de “CUADERNOS DE KABUL” .

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