Seguridad Vs privacidad. Distopía ultramoderna


privacidadEscuchar al presidente Obama hablar sobre la incompatibilidad de la seguridad y la privacidad me remonta mentalmente a lo que definieron Tommas Hobbes y Jean Jacques Rousseau como el “contrato social”. Sigue leyendo

Una extraña primavera árabe


Justo cuando en los Estados Unidos y en gran parte del mundo se conmemoraba tristemente el décimo primer aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001 contra las torres gemelas en Nueva York, en Libia, antiguo bastión de Muanmar Gadafi, específicamente en Bengasi, una importante ciudad a orillas del mar mediterráneo, la sede del consulado americano era atacada salvajemente y los integrantes de la legación consular, presas del terror y entre bombazos, disparos y un humo asfixiante, trataban de huir para salvar sus vidas, mientras los pocos guardias de seguridad repelían a duras penas el ataque. Sigue leyendo

Estados Unidos mira de nuevo hacia América Latina


Lea nuestro artículo en el siguiente enlace. http://www.elcaribe.com.do/2011/10/14/estados-unidos-mira-de-nuevo-hacia-america-latina

Encontré este interesante artículo y quise compartirlo con ustedes…


Nueva York recuerda el 11-S

JULIO VALDEÓN desde Nueva York
ImprimirEnviar noticiaDisminuye letraAumenta letra

11 de septiembre de 2009.- Obama respira por un día mientras los ojeadores del zorro lo acusan de dinamitero por una reforma sanitaria que en Europa sería tachada de neoliberal. Claro que su bálsamo tiene una calavera y dos tibias cosido en la solapa. Hoy, 11 de septiembre, Estados Unidos honra a los muertos del mayor atentado terrorista que vieron los tiempos. “Todos somos neoyorkinos”, ha dicho el presidente, que hablará para los familiares de las víctimas desde el Pentágono. Su discurso llega mientras la ciudad más hermosa, la de los ‘brookers’, los poetas y los chicanos, la que custodió a Miles Davis y cobijó a Mailer, atasca la Quinta Avenida y las autopistas rumbo al curro. Alérgica al sentimentalismo rancio que paraliza a otras capitales, NY mira siempre adelante.

El presidente de los Estados Unidos y su esposa durante los actos con motivo del octavo aniversario de los atentados contra las Torres Gemelas.| EfeEl

En Zuccutti Park, junto a la Zona Cero, donde un siglo de estos se alzará la Torre de la Libertad, leen los nombres de los asesinados. La esposa de un contable filipino que trabajaba en la Torre Uno habla tras el vicepresidente: “Mis hijos han crecido, mis nietos nacieron. La vida nos ha traído muchos dones. Hermanos y familias. Quisiera que mi marido pudiera haber estado con nosotros“. Después lee un poema. El rosario de apellidos, osario de muertos inmolados por el oscurantismo religioso (disculpen el pleonasmo), ulula alfabético y triste. Un violonchelo subraya el sordo rugido de la muerte. Algunos todavía protestan por lo que juzgan un macabro escaparate de sangre. Si por ellos fuera, censuraríamos cualquier imagen, enterraríamos los libros y viviríamos olvidados, confundiendo los muertos particulares con los públicos, moralmente obligados a parpadear en el escaparate porque su periplo ilumina al trasluz nuestra historia.

Con el viento rompiendo paraguas y los curiosos apelmazados contra los muros de la iglesia, la visión del Word Trade Center descorazona. Cerca, en Beekman Street, han levantado una torre residencial de sesenta plantas en menos de un año, pero se antoja imposible recuperar el terreno violado donde ondeaban las Torres. Especuladores, políticos, funcionarios y aseguradoras prolongan la debacle de charcos, vallas y hormigoneras.

La gente de 911 Truth pasea sus pancartas, convencida de que la dinamo conspiradora que explica el mundo en base a teorías de frenopático no resulta aplicable, que hay cocodrilos agazapados bajo la versión oficial, que la administración Bush supo del huracán que llegaba y no hizo nada. Junto a ellos, miembros de la Human Rights Coalition Against Radical Islam solicitan que dejemos de untar a los mismos petrojeques que financian el fundamentalismo medieval y sus bastardos. Muchos se acercan a preguntarles, convencidos de que las arbitrariedades de esos príncipes a los que sobornamos contribuyen a cavar nuestra tumba.

Prosigue el perezoso serpentear de apellidos desde el atril, tan variados en acentos e idiomas que contienen la humanidad en pleno. Hay que acercarse hasta el Downtown de Manhattan para comprender, de nuevo, que la retórica languidece frente a la pedrada de una ciudad masacrada, enlutada por la enésima demostración de como la falta de minerales en el cerebro de unos verdugos amamantados en el narcismo transforma el vidrio en lágrimas y la razón en fuego.