Error de cálculo de Paraguay lleva a Venezuela al Mercosur


Una de las razones por las que el congreso paraguayo decidió llevar a juicio político y destituir de manera sumaria al entonces presidente Fernando Lugo, fue la aquiescencia de éste último a que Paraguay se adhiriera al Protocolo Ushuaia II que, entre otras cosas, establece la posibilidad de que Mercosur adopte sanciones severas, como cerrar total o parcialmente las fronteras terrestres y suspender o limitar el comercio, el tráfico aéreo y marítimo, las comunicaciones y la provisión de energía y servicios al Estado Miembro en donde se produjese una ruptura del orden democrático.

Estaban conscientes de que la primera versión de este protocolo (Ushuaia I) de la que es compromisaria Paraguay, facultaba al Mercosur a  “…la suspensión del derecho a participar en los distintos órganos de los respectivos procesos de integración” e incluso a “…la suspensión de los derechos y obligaciones emergentes de esos procesos”, pero ese tipo de suspensión era preferible a la que se produciría si el congreso ratificaba la segunda versión (jamás lo hicieron), pues una vez consumada la ruptura democrática allí, entonces verían a su país aislado totalmente de los demás Estados partenariados en ese modelo de integración y convertidos quizás en una especie de “paria regional”.

Paraguay, junto a Brasil, Argentina y Uruguay son los Estados fundadores de este mecanismo subregional de integración comercial, migratoria arancelaria y aduanera  denominado Mercado Común del Sur (Mercosur); compromisarios todos del Tratado de Asunción de 1991 que le confiere capacidad jurídica, política y de actuación conjunta como bloque. Para la adhesión de otros Estados al Mercosur, el artículo 20 in fine del tratado constitutivo establece taxativamente: “La aprobación de las solicitudes será objeto de decisión unánime de los Estados Partes”.

Venezuela solicitó desde 1998 su ingreso formal al Mercosur, sin embargo, apoyados por esta parte del artículo 20 del Tratado de Asunción, la derecha paraguaya aposentada en su congreso nacional y quizás de alguna forma motivada por influencias foráneas, no le había permitido el ingreso como Estado Miembro de pleno derecho, pues aun cuando todos los demás países aprobaron el protocolo de ingreso de Venezuela, los legisladores paraguayos se negaron reiteradamente a hacerlo.

A final de junio pasado, a raíz de la destitución del presidente Lugo, el Mercosur decidió, basado en la imperiosidad del cumplimiento de la cláusula democrática del Protocolo Ushuaia I -del que sí es parte Paraguay- suspenderlo como Estado miembro hasta tanto se celebren elecciones democráticas para elegir un nuevo presidente en ese país, y paralelamente se decidió, en base a la inexistencia temporal de personería jurídica de Paraguay para objetar la entrada de Venezuela al bloque, propiciar su ingreso formal con todos los derechos inherentes como miembro pleno, lo que finalmente se produjo este pasado martes 31 de julio.

Políticamente es una victoria de grandes proporciones para Hugo Chávez, máxime cuando se aboca a un proceso eleccionario en su país en el que una conquista a nivel internacional puede ser utilizada para crear réditos exponenciales importantes en su campaña hacia la reelección. En términos económicos y a corto plazo no se podría quizás decir lo mismo, pues Venezuela importa alrededor de un 70% de su consumo, por lo que su balanza comercial frente a Mercosur como bloque es necesariamente negativa, sin embargo, en términos de futuro, tal como ocurrió con nuestro país con la firma del DR-Cafta, es una oportunidad importante para impulsar la competitividad, promover los sectores de producción nacional, homologar técnicas de comercio, y crear un andamiaje jurídico capaz de ponerse a la par de países como Brasil que definitivamente mantiene su hegemonía dentro del bloque.

Paraguay cometió una pifia al utilizar un mecanismo legal de destitución de su presidente de manera irregular e ilegítima por no dársele al enjuiciado las garantías para una apropiada defensa, pero además, quizás sin querer,  abrió de par en par las puertas de Mercosur que había cerrado por años a Venezuela y a su presidente Hugo Chávez con el peligro de que, siendo Paraguay la economía más débil de los miembros, teniendo casi solamente como recurso de exportación la energía que le vende a Argentina, sus arcas sufran directamente los embates del vuelco de los demás países del bloque hacia los riquísimos recursos energéticos y petroleros que posee Venezuela.

El Mercosur no representa en esencia la perfección utópica de la integración subregional, pues muchas de sus motivaciones, a  veintiún años de su creación, todavía no se han concretizado y más aún, porque el desarrollo económico desigual de  Brasil ha dificultado un poco el equilibrio en la balanza comercial de sus miembros, sin embargo, el ingreso de Venezuela como Estado Miembro de pleno derecho al Mercosur, para bien o para mal, indiscutiblemente representa una histórica victoria de Chávez sobre Paraguay y sobre la derecha conservadora de América Latina.

También puede ver este artículo en el siguiente  enlace: http://www.elcaribe.com.do/2012/08/03/error-calculo-paraguay-lleva-venezuela-mercosur

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